PERDONAR SÍ, PERO OLVIDAR NO.

Sí. Lo sé. Sé que es muy probable que tu primera reacción al haber leído el título de este artículo haya sido echarte las manos a la cabeza y/o pensar que te estoy invitando a sentir resentimiento y rencor. Pero no es así. Déjame que te explique.
Comencemos por el principio…
¿De dónde viene la necesidad de perdón?
Cuando alguien nos hace daño, o mejor dicho, creemos que nos hace daño, en realidad nos lo estamos haciendo a nosotr@s: bien porque hemos permitido que la acción del otro nos moleste, pues el poder de elegir lo que te hiere y lo que no está en ti, en nadie más; o porque tú has puesto erróneamente expectativas en la otra persona y no se han cumplido, y por tanto, en esta situación también eres tú el que se hiere. Pero también, puede ser que el hacer del otro te moleste por una de estas dos posibilidades y además, inconscientemente te moleste que esa acción también la has realizado ya o la estás realizando en tu vida y no te lo has perdonado, porque no has sido consciente. Tod@s somos espejos.
¿Por qué debo perdonarme absolutamente todo?
El perdón es necesario para vivir en paz principalmente con un@ mism@. Y por ende con los demás. Sin perdón, no hay evolución. Y si tomamos conciencia de que cada acto de los otros es imprescindible para nuestro crecimiento, para conocernos, reconocerse y aprender, entiendes el por qué de cada circunstancia, de cada palabra, de cada acción y, lo transmutas en algo positivo para ti y el mundo que te rodea. Entonces serás cada día más libre y feliz.
Si realizas el ejercicio de observar qué te molesta de los otros, qué es lo que más te cuesta perdonar y tratas de verte en el espejo del otro, te darás cuenta de que a quien primero debes de perdonarte es a ti.
¿Por qué no tengo que olvidarme de eso que me molestó de otr@s o de mí mism@?
Te pondré un ejemplo sencillo: cuando ibas a la escuela, aprendiste un montón de cosas, muchas ni las recuerdas a día de hoy, pero hay otras que si: sumar, restar, multiplicar, dividir… y esas lecciones las recuerdas porque son necesarias para desenvolverte con soltura en tu día a día. Y quizá al principio, te costó aprender muy bien a sumar, o restar, o multiplicar o dividir, pero finalmente te esforzaste y lo aprendiste.
Con estas lecciones de vida pasa lo mismo. Cuando uno hace el ejercicio de perdonar y perdonarse, aprende del otr@ y por supuesto de sí mism@. ¿Cómo vas a olvidar la lección? ¿De qué te ha servido entonces vivir esa experiencia que no ha sido muy agradable? Si olvidas el aprendizaje positivo de esa vivencia la vida, el Universo, volverá a ponerte una situación similar con la misma u otras personas hasta que por fin, perdones, aprendas y no olvides la lección de vida para que puedas usarla en el día a día al igual que usas tu capacidad y habilidad de sumar.
¿Eso de no olvidar es lo mismo que guardar rencor?
Rotundamente no. Creer que si no olvidas entonces estás guardando rencor, es una creencia errónea adquirida por el inconsciente colectivo de esta sociedad. Nos inculcan que si somos buenos, es porque somos capaces de perdonar, olvidar, y no guardar rencor. Si guardas rencor lo sabrás porque te sentirás mal contigo mism@ y con el otr@, y no habrás aprendido la lección. Y sabrás que no guardas rencor cuando te sientas relajado con la situación que te incomodó, porque entonces verdaderamente habrás perdonado y te habrás perdonado.
Te invito a perdonar, liberar el malestar y no olvidar para aprender esa lección y ascender en tu evolución.

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