VIAJE EN TREN A UN DESTINO CIEGO

Llevo varios días sintiendo sobre qué quería escribir en este nuevo número.
A lo largo de estos dos últimos meses he vivido múltiples experiencias que me están ayudando a crecer, a seguir reconociendo a mi ego y darme cuenta de que este viaje es un continuo aprendizaje en donde el tren en el que voy viajando hace pequeñas paradas y sigue el camino sin terminar de detenerse.
Realmente, la vida es un tren de mercancías que comienza el viaje vacío y que en cada pequeña parada va llenando sus vagones de carga de enseñanzas y sus asientos de diferentes personas. Cada experiencia suma al vagón de mercancías un conocimiento profundo si le prestamos atención, lo mismo que con las personas. Cada una nos enseña algo imprescindible para nuestra evolución, nos hace de espejo en cualidades y también nos hacen más fuertes.
En ocasiones, en el tren suben algunas personas y recorren un gran trayecto acompañándome y enseñándome, y en otras recorren espacios más pequeños y cuando llega su parada se bajan del tren y continúan su viaje en sus propios trenes.
Supongo que yo también he viajado en otros trenes, en algunos habré compartido asientos más tiempo que en otros y habré sumado cargas de conocimiento en los vagones de mercancías.
Hoy comparto mi tren con determinadas personas que me están enseñando en el camino a reconocerme en los otros, a amar de corazón, de verdad, a ayudar sin esperar nada del otro, a sonreír, a soñar, a compartir, comprender y sobre todo, a tratar de Ser cada día más auténticamente yo. No tengo ni idea del tiempo que me queda por compartir con estas personas, no sé cuantas paradas quedan por llegar para que permanezcan o se bajen, y la verdad es que siento que pararme a pensarlo no me ayuda, más bien me hace dejar de disfrutar del viaje, de los paisajes, su compañía y de cada uno de los momentos que me están regalando en este tren.
Vivir el hoy sin expectativas es lo mejor que podemos hacer. Vivir el momento presente al cien por cien, sacándole todo el jugo y provecho, todo el conocimiento, agradecerlo y sonreír. Cada momento de este viaje es sagrado, es único y no va a volver. Y ahí, en todos esos pequeños momentos, es donde reside la felicidad, la paz, la calma y el aprendizaje que el tren que me guía tiene preparado para mi.
Desconozco el destino de mi tren, los trayectos rectos que me esperan y sus vertiginosas curvas, pero sé, que si me concentro y esfuerzo por disfrutar del viaje reconociéndome como una gran ignorante y recordándome a diario que la vida tiene mucho que enseñarme y yo muchísimo más que aprender de ella, podré adaptarme con facilidad a todas las posibles paradas y sus despedidas, a los giros inesperados y bruscos del camino y a disfrutar plenamente de los trayectos rectos y despejados donde disfruto del paisaje con total claridad.
Aprovecho estas últimas líneas para agradecer al control remoto que dirige mi tren desde el Universo por todas y cada una de las personas que se han subido a este tren, que se han bajado y que hoy permanecen. Gracias por la experiencia, por compartir, y por todo el aprendizaje. Mis vagones de mercancías están cargados de conocimiento verdadero sobre el amor y la verdad gracias a vosotr@s.

¡Feliz viaje! ¡Feliz hoy!

 

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